Entre lirios y ranas

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Suiza "El agobio del orden"



La perfección, perteneciendo solo a Dios, causa, en los humanos que quieren alcanzarla con afán, agobio, estrés y situaciones absurdas e insólitas.
Es lo que ocurre en Suiza.

-Cuando pierdo el autobús porque llegué 30 segundos tarde;
-cuando me encuentro en un tapón porque calles todavía buena y asfaltadas son remodeladas, por la sencilla razón de que se venció el tiempo que le dieron de vida útil;
-cuando, viviendo en un sexto piso, te "toca" durante todo un largo mes, el cambio "completo en todas sus partes" del ascensor, no porque estaba dando problemas sino porque ya se cumplieron los 30 años de vida que le dieron;
-cuando tienes deseos de tener un perro, pero no tienes deseos de ir a una escuela durante dos años para poder obtener el "permiso" de tenerlo, mismo si se trata de un chihuahua; además de los gastos de veterinario, etc. que son "obligatorios"
-cuando hay que votar por la mas mínima insignificancia como por ejemplo: tirar o no "una que otra" (no todas)  botella de vidrio en los sacos de basura normal en lugar de los contenedores especialmente diseñados para eso.....


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¿Porque los lirios?

He tenido la oportunidad de ser la coprotagonista de dos ceremonias muy importantes en mi vida y en donde  me ha tocado a mí elegir las flores que adornarían el entorno. Tremendo dilema. ¿Cayenas?, ni pensarlo. En realidad después de mi decepción infantil no era una loca de las flores.  Solo conocía las rosas y las “sangre de cristo” (Cayenas). 

Para esa primera ceremonia, celebrada en Santo Domingo, alguien me pregunto: “¿Qué flores prefieres?”  No supe qué responder...

-¿Qué piensas de los Lirios Calas?, quedarían bonitos, insistió.

-    ¿Los qué?,  No pienso nada, no tengo ni idea.

Luego de algunas explicaciones dije: sí, sí, yo sé (mentira) ok.,  que sean Lirios Calas.
En realidad tenía una vaga idea y para ser honesta el tema las flores era lo que menos me preocupaba en ese momento. Pero cuando me llamaron para que aprobara la distribución de los arreglos, quedé, en una sola y descriptiva palabra, “enamorada”. No podría describir con más palabras la impresión que me causó  aquella flor, tan elegante, tan sublime, tan ella. Su presencia me lleno de sentimientos tan nobles que a partir de entonces se convirtió en mi flor “fuerte” preferida.

Para esa segunda ceremonia, esta vez celebrada en Suiza, el diálogo fue diferente. A la pregunta de rigor: ¿con qué flores vamos a decorar?,  yo, ni corta ni perezosa respondí: ahhh con Lirios Calas.  La reacción no se hizo esperar: ¿qué? Estás loca?! Es como el oro en esta época del año, eso sería un escándalo, piensa en otra cosa porque eso es casi imposible.

Pero como no me doy por vencida tan fácilmente, fui directamente a un vivero. Cuando le pregunté al dueño si tenía Lirios Calas, abrió los ojos, miró mi figura latina de arriba abajo y me respondió secamente: esas flores son muy caras “madame”.

En esta época del año una cantidad así, tendría que hacerlas venir de…. (para ser sincera no entendí de donde era que tenía que traerlas). Dios sabrá. Pero a juzgar por el precio era, mínimo de la China.


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¿Porqué las ranas?

Se supone que en esta columna debo escribir sobre Suiza.  Pero, en estos días resulta que muchos lectores me han preguntado: ¿por qué los lirios? ¿Por qué las ranas?

Hoy explico …porqué las ranas.
De pequeña fui testigo del terror que este animal le infundía a mi abuela y a mi madre. Era tan divertido verlas encerradas o subidas no importa donde huyendo de una simple ranita, hasta que mi abuelo venía, periódico en mano,  con su andar taciturno y su mano temblorosa y con una agilidad que siempre me sorprendió, atrapaba la rana (o el maco del ..pipo) como decía mi abuela) y lo lanzaba fuera de casa.

Siempre pensé que era la misma rana que volvía y se metía en nuestra casa o la de mi abuela o la de la vecina todas las noches porque ella (la rana) sabía el miedo que infundía. Hoy cuando, en familia, recordamos aquellos tiempos nos damos cuenta de que “güelito” se convirtió en el “bota-maco” del barrio.

Un día al salir mi abuelo de la casa con su rana en la mano, encontró un amigo que lo invitó a dar una vuelta a ver como andaban las fiestas patronales. Mi hermano, mis primas y yo los seguimos, queríamos ver que hacia mi abuelo (porque lógicamente, no había tenido tiempo de botar la rana). Y allí estuvo horas conversando con su amigo, maco en mano, en medio del bullicio y el gentío de las patronales.

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Ginebra, Suiza.- ¡Hola!  Siento una particular emoción de comenzar a escribir para Cayena.

De pequeña me atraía mucho esta flor. Me impresionaba su elegancia, su color (solo habían rojas que yo recuerde), las encontraba seguras de sí mismas e imponentes A tal punto me gustaban que en mayo cortaba cayenas para llevarle a la Virgen. Hasta que un día vi en la iglesia a alguien seleccionando las flores que decenas de niñas llevábamos con tanto amor a nuestra madre María:  las rosas de un lado, las flores silvestres de otro.

Estas últimas no llegaban ni a tocar los pies de la Virgen. Casi las arrancaban de nuestras manos inocentes y llenas de ilusión. Cinco minutos más tarde mis cayenas y demás flores silvestres que podíamos llevar y que con tanto amor recogígamos, estaban en la basura.

Llegué llorando a mi cana y le dije a mi madre: a la Virgen no le gustan mis cayenas solamente las rosas y yo no tengo rosas para llevarle así que no vuelvo más.

Mi madre me dijo: mi hija esas cayenas que  tu cortas todos los días con tanto amor e ilusión son las más apreciadas de la Virgen, el problema es que no se tienen mucho tiempo y se marchitan rápidamente  y es por eso que  solo dejan las rosas y otras flores que son “más fuertes”.   Mi madre siempre tan diplomática.

“Más fuertes”.  Me quedé pensando en esa palabra. Entonces me dije: es verdad, las cayenas se marean en seguida y en mi inocencia acepté las explicaciones de mi mamá.

Nosotros no teníamos jardín y encontrar una buena dama que me regalara todos los días flores “más fuertes” para la Virgen se estaba tornando difícil así que dejé de ir en mayo a la iglesia porque solo estaba atenta a la selección de flores y me partía en dos ver las mías en la basura ¡y yo no tenía rosas para llevar”! 

Tendría algunos 10 años y solo después de  adulta  fue que comprendí porque sentía un particular resentimiento hacia las rosas.

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