Bailamos la noche completa, el con las manos ocupadas en mi cintura y yo con la mirada perdida en su boca, toda completa de el, el ritmo nos guardaba las ganas de besarnos y por completo nos escondimos en el publico deseo del momento. Mis piernas ya no temblaban, el miedo a perderlo se había ido. Y sus deseos de dañarme se habían envuelto en una capa de ternura y cuidado.
Desaparecimos entre las guitarras. Centenares de pensamientos nos rodeaban cuando ponía mis labios en su cuello, cuando se detenía en mi espalda y hacia parada de caricias eternas. Cuando nos miramos y asentimos, cuando por fin nos besamos sin dejar el paso lento de la melodía contagiosa. Nos abrazábamos como años de confesiones hermosas, enamorados de aquel precioso momento, en el que fuimos uno por completo, enteros en pasión.
Las olas iban al compás de mis cabellos y la arena se sentía suave bajo los pies. Ya nadie existía.
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