Es probable que tú seas una mujer a la cual le aprovecharía mucho crear o integrarse a un círculo de mujeres.
Los círculos de de mujeres abundan en el mundo y su existencia es muy antigua.
Leer 2 commentarios...

Las grandes religiones han delimitado la espiritualidad por demasiado tiempo. Estas moldean la cultura y “definen” el bien y el mal, enriqueciendo la dualidad poder/sumisión. Todas las experiencias que no responden al orden establecido son excluidas y renegadas, como una forma de mantener su control y poder en base a la enajenación, la represión y el temor.
Este moldeamiento a través de la historia patriarcal ha contenido un plan definido y sistemático para subordinar, minimizar, relegar y hasta satanizar el rol protagónico de lo femenino, el poder sagrado, la fuerza y las energías creativas de las mujeres, las cuales son una base sólida para el desarrollo de la espiritualidad.
El poder patriarcal, materialista, reduccionista ha perneado hasta la resistencia y oposición al mismo, haciéndonos creer que lo espiritual no se debe involucrar con la política, la educación, las luchas sociales y la vida práctica. Sin embargo, el interés en lo espiritual no excluye nuestro interés y responsabilidad como ciudadanas en todos estos aspectos. Esto se convierte en una estrategia más de desmantelar nuestra fuerza como mujeres y como sujetos sociales.
A pesar de todos los intentos por acabar con el poder ancestral que nos une a todas las mujeres y de la venta de un mundo vacío, sobre todo para las jóvenes, para crear nuevas culturas donde las mujeres estemos desconectadas de nosotras mismas, elementos importantes de las diferentes culturas se han mantenido y transmitido de generación en generación, aún sea de manera muy sutil. La Mujer Salvaje (nuestra fuerza instintiva) se mantiene activa y nos transmite mensajes a través de los sueños.
Recuerdo que en la comunidad donde mi crié, era muy común que las mujeres tuvieran en sus casas un espacio especial para alimentar su espiritualidad, un altar de un sincretismo religioso con diferentes símbolos: imágenes de santos y santas, la gran virgen madre en alguna de sus manifestaciones, San Miguel, un rosario, una luz siempre encendida, fotos de ancestras y ancestros, oraciones, libros especiales. También eran comunes prácticas de sanación, instrucciones a las mujeres más jóvenes, los baños simbólicos acompañados de rezos específicos, limpieza energética de la casa, los ritos y prácticas alrededor del ciclo de la luna, los cantos sagrados, ritos de siembra y cosecha.
Es probable quete hayas dado cuenta de que tienes una forma de sentir, pensar y actuar en unos momentos o circunstancias que dista mucho de ti en otros momentos. Por ejemplo, que hayas tenido un comportamiento inesperado, que te sorprenda o lo percibas contradictorio contigo mism@; que a veces tengas una lucha interna en la que participan diferentes voces y pensamientos encontrados. Esto se debe a que nuestro interior es habitado por diferentes personajes o subpersonalidades y estas interactúan entre sí, se disputan y armonizan de acuerdo a las circunstancias y al trabajo que logre hacer el Yo superior, que en las mujeres es llamada La que sabe o la mujer sabia.
Una de estas fuerzas internas es la Mujer Salvaje (MS), una fuerza vital e instintiva presente en todas las mujeres de diferentes culturas y momentos históricos.
MUJER: Cuando niña aprendí-entendí que mujer era la persona de sexo femenino y que además había tenido experiencias sexuales… Este concepto representa una condición personal y social que “se le debe” al hombre, que “te hace mujer”. También era mujer, desde esta perspectiva, la persona de sexo femenino que ya tiene pareja fija (marido o esposo). Las otras hembras podían ser niñas, muchachas o señoritas.
Hoy, con los avances y estudios del género nos damos cuenta de que Mujer es un término que representa una condición social, que es el resultado de un proceso de socialización que se desarrolla con las seres humanas a partir de su sexo, como hembras.
Franca Basaglia (1983, citada por Lagarde, M., 1990) define a la mujer como un ser de otros y dice que su condición como ser opresivo gira en torno a tres ejes: a) su naturaleza, su cuerpo-para-otros y su rol de madre.
El sexo es una condición natural, expresada en características biológicas como los órganos sexuales. Es decir como raza humana se nace con un sexo: macho o hembra y el condicionamiento social nos crea un género, haciéndonos hombres o mujeres, a través de internalizar lo que se supone es masculino en los hombres y femenino en las mujeres,
Lo femenino: es el conjunto de comportamientos, creencias, actitudes, forma de pensar, de presentarse ante la vida. Es una identificación social que circunscribe a la persona que lo asume a un género determinado en un contexto específico. Este es un modelo que fundamenta la identidad de un ser dependiente, impotente, para otros, sensible, miedoso. Todo esto se vive y se asume de forma estereotipada, es decir, con una presión social para “hacerse verdaderas mujeres”.
Lo masculino: Es todo lo opuesto a lo anterior con un reconocimiento social como lo bueno y válido desde la cultura patriarcal. Este conjunto de estereotipos es representado por la hombría, la cual es llamada por Michael Kaufman (1991) como la paradoja del poder, pues hay que hacer un esfuerzo constante para demostrarla, lo que refleja una gran inseguridad.
La adscripción a uno de estos modelos o patrones es dinámica, pues va cambiando con el tiempo y el contexto (posición o condición social, política, cultural, económica). Así vemos que tanto lo femenino, como lo masculino lo puede asumir cualquier persona, pues es una invención para mantener la diferenciación sexual, colocando a los hombres en posición de poder.
Quiero resaltar que las mujeres tienen una forma de hacer y ver las cosas, de sentir, de pensar, de ser, que es diferente a la de los hombres, no inferior; tienen una subjetividad particular que, a su vez, se diferencian entre sí, a partir de las condiciones en que viva cada mujer, por lo tanto no existe una sola forma de ser mujer ni existe una forma adecuada de serlo.
Por las diferencias mencionadas y por muchas razones más, que se vienen transmitiendo de generación en generación y que es parte de su genética y herencia ancestral, las mujeres de diferentes culturas y épocas tienen una naturaleza instintiva particular, una sabiduría, organizadas en el arquetipo de la “Mujer Salvaje”. Esta es como una subpersonalidad en todas las mujeres, que con el proceso de socialización o domesticación, dada la necesidad de ajustarlas al molde estereotipado, se va creando desde la niñez una separación que viene a ser como una mutilación de una parte esencial de sí mismas, afectando la salud psíquica, emocional y física, creando sistemáticamente una programación de seres humanos de segunda categoría.
Les invito a escudriñar esta mujer salvaje dentro de cada una para recuperarla, darle nombre y cuerpo en nuestra vida cotidiana. Yo invito a esta mujer salvaje a que nos acompañe en este proceso de compartir a través de esta columna.