Viendo unos de los programas nocturnos de farándula gringa me enteró de que su nueva víctima es Jessica Simpson, quien se presentó, después de una relativa ausencia en los medios, en un concierto de música country con unas libritas de más. Como no soy y espero nunca ser fan de la novia de Tony Romo, cambio de canal en busca de algo mejor.
Unos cuantos canales más abajo me encuentro con la promoción de una máquina para hacer ejercicios tipo pilates. Las mujeres que salen en el video aseguran que han perdido 35 libras, 40 libras, que han bajado cinco tallas en vestido. Me quedo mirando un rato el video promocional y calculo que esa máquina cabría a la perfección en mi habitación. Pero 350 dólares más el envío me hacen cambiar de opinión… y de canal. Paso las series que veía cuando yo era adolescente (me sorprende que todavía las transmitan), los noticieros, el canal del estado del tiempo, hasta que doy con un canal donde se promociona una técnica para rebajar basada en música latina. Por supuesto, el merengue no falta. Pero eso que esas mujeres están bailando será cualquier cosa menos merengue. La diferencia, parece, no importa, porque merengue o no han logrado rebajar al ritmo de los contagiosos ritmos latinos. Por lo menos eso aseguran ellas, y también sus esposos, que salen en los videos sonriendo y dando apoyo a sus mujeres, que aseguran que hoy son más felices, pues son, incluso, una talla menos que cuando estaban en la secundaria.
A mi todo eso me parece bien. Siempre he sido de la opinión de cada quien debe a hacer lo que esté a su alcance para sentirse bien. Y si lo que te hace sentirte bien es entrar sin problemas en ese pantalón que tan bien se le ve al maniquí (que de seguro es talla 0), entonces matate a dieta, haz ejercicios como una desquiciada, rechaza toda tentación que venga camuflageada como chocolate, prefieres las versiones light (aunque ni por asomo sepan igual) de tus productos favoritos.
Que quede claro, yo hago muchas de las cosas que antes cité, sólo que procuro no poner en mi peso, que puede fluctuar tan fácilmente al ritmo de mis propias hormonas o de mis preocupaciones, mi felicidad.
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