
Como sucedió en casi todo el continente, la resistencia indígena a la llegada de los conquistadores españoles fue violenta. Los pueblos desde México hasta Perú fueron siendo arrasados por el dominio implacable de la Conquista, pues acabó con los cinco soles de la capital azteca, Tenochtitlán; dominaron al gran señor Moctezuma, y con cañones y arcabuces acabaron con la vida de siete mil incas que quisieron liberar a su Cacique Atahualpa, luego de ser llevado a prisión por Francisco Pizarro.
Cada caída de estos imperios, llegaba a oídos de Guatepán, mujer nacida en el sur de Colombia, quien después se convirtiera en la gran Cacica Gaitana.
La historia de La Gaitana, es una historia de dolor y mucha valentía, pues cada mala noticia recibida por esta mujer, se reflejaba en un llanto tal, que su hijo juró a sí mismo luchar por evitar más lágrimas de su madre, consagrando sus fuerzas de guerrero en la defensa del honor de su pueblo.
Cuando la invasión de su territorio fue inminente, La Gaitana se dejó ver como una mujer audaz que logró encarnar todo el rechazo y el odio reprimido a un invasor sediento de oro, Pedro de Añasco, quien bajo las órdenes de Sebastián de Belalcázar, no sólo pisoteó el honor de Cacica, de autoridad principal de su pueblo, sino que además hirió los más hondos sentimientos de madre, al capturar a su hijo y quemarlo vivo por no aceptar rendirle vasallaje.
Además la captura del hijo de La Gaitana, de quien no se tiene nombre, se da aprovechando la oscuridad, asaltando su sueño, tras lo cual ella sale desesperada detrás sin su guardia, sola, y presencia con impotencia la atroz tortura.
Ante tal evento, La Gaitana aprovecha su dominio de varias lenguas, entre ellas la más extendida por el continente, el quechua, para convocar a varios de los pueblos vecinos con quienes ha mantenido buenas relaciones: Pirama, Paeces, Guanaca, los bravos Pijaos, y por último los Yalcones bajo el Cacicazgo de Pigoanza, fuerte guerrero pariente de La Gaitana.
Y es este, Pigoanza, quien logra capturar a Añasco para entregárselo a la gran Cacica, quien ante su reciente dolor, primero le saca los ojos y luego con una daga le abre un agujero en la garganta para pasarle un cordel que sale por su garganta, hacer un nudo y arrastrarlo moribundo por las calles de su pueblo.
Así bien termina la historia de esta fuerte guerrera, que en algo intentó resarcir el dolor y el honor de un hijo caído en manos de la brutal conquista española. La historia de una mujer colombiana, de una mujer latinoamericana… la historia simplemente de una mujer.
Foto de Ana Yazmín Claros Rojas (Comunicadora Social) 2008.
Momunento a la cacica La Gaitana, Neiva Colombia. Escultura del maestro Rodrigo Arenas Betancur
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