Por María Ovalles para Cayena
Todas las mujeres hemos escuchado hablar de las maravillas que pueden hacer en nuestra vida sexual varios minutos al día dedicados a ejercitar los músculos internos de nuestra vagina.Estos ejercicios, ideados para fortalecer el suelo pélvico, y así solucionar y evitar problemas de incontinencia urinaria, facilitar el parto, entre otras cosas, ayudan también a tener relaciones sexuales más placenteras y satisfactorias.
El consejo de contraer los músculos vaginales al momento de orinar, y así cortar la orina por varios segundos, relajarse y volver hacerlo, sucesivamente, ha pasado de generación en generación, de mujer a mujer, como una de las mejores armas para mantener esa parte del cuerpo en forma y asegurarnos una vida sexual plena.
Claro que este no es el único ejercicio recomendando. Existen varios tipos de ejercicios para fortalecer el suelo pélvico que cada mujer, según sus necesidades y su nivel de empeño, puede poner en práctica.
De hecho, contraer y relajar la vagina al momento de orinar es algo que debemos hacer solo para identificar cuales músculos debemos usar y no caer en el error de contraer otras partes de nuestros cuerpos, como el abdomen, la espalda o los muslos. Una vez se haya aprendido, se recomienda hacerlo cuando no se esté orinando. ¿Lo bueno de estos ejercicios? Podemos realizarlos en cualquier lugar, en cualquier momento.
Hasta aquí nada nuevo, ¿verdad? ¿Pero sabias tú que los hombres también pueden practicar los ejercicios de Kegel para obtener los mismos resultados que nosotras, o sea, un mejoramiento en sus relaciones sexuales? Pues sí, ellos también pueden.
En el caso de los hombres, estos ejercicios aumentan el volumen de sangre que llega al pene, consiguiendo así mejores erecciones. Además, son de gran ayuda para aquellos que sufren de eyaculación precoz.
Al igual que nosotras, los hombres solo tienen que imaginar que cortan la orina, contrayendo y relajando, por varios segundos, sus cuerpos. De esta forma contraen el esfínter o los músculos alrededor del ano, lo que beneficia directamente la próstata, donde, muchos aseguran, se encuentra el punto G masculino.
Anímate y dile a tu pareja que realice este ejercicio contigo (una buena forma de hacerlos es acostarse en el suelo, con las plantas de los pies sobre el piso y las rodillas flexionadas). No solo estarán trabajando ambos en pro de su salud física y sexual, sino que compartirán un tiempo muy valioso juntos.
Seguro que ayudarse mutuamente a identificar cuáles son los músculos que deben ser ejercitados será toda una aventura sexual. En el caso de ellas, se recomienda introducir un dedo en la vagina, si al contraer siente que la vagina succiona el dedo, se están usando los músculos correctos.
Como en todo ejercicio, al pasar de los días se debe aumentar el tiempo de contracción y las repeticiones. Los resultados no son inmediatos pero si son perseverantes se estarán asegurando una vida sexual más intensa y satisfactoria.
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El punto de partida para una pareja saludable debe ser, ante todo, el amor mutuo, sin embargo es romántico y poco realista pensar que sólo el amor mantendrá la relación en un estado armonioso e ideal, o que al encontrar a nuestra “media naranja” todo será perfecto y color de rosas. Es importante entender que siempre existirán conflictos y que es válido tenerlos, siempre y cuando éstos les permitan crecer como personas individuales y como pareja. Además del amor, es muy importante tener puntos de interés común, así como respetar el espacio del otro y tener la disposición de resolver las diferencias.
En los tiempos de Platón y de Aristóteles ser mujer no era algo deseable. Para esa época las mujeres tenían el mismo estatus social que los esclavos, no gozaban de derechos cívicos ni podían participar en el ámbito político. La historia y el paso del tiempo fueron los testigos de un cambio que todavía está en proceso y que presenta a la mujer como un ser capaz de realizar diferentes roles a la vez.