El trabajo como terapia contra la depresión

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Delfina Méndez, ejemplo de servicio a la comunidad

Su trabajo como barrendera le ayudó a superar una depresión y a sentirse últil entre sus vecinos.

Texto y fotos: María Eugenia del Pozo
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Hay quienes trabajan por necesidad económica, otros que lo hacen por simple convicción, pero también hay situaciones en las que algunas personas se refugian en esa actividad social, para mantener la mente ocupada y evitar depresiones.

Es el caso de la señora Delfina Méndez, residente del sector La Altagracia, en Herrera, quien al morir su esposo, hace tres años, tuvo que asumir, además de las responsabilidades familiares, una amarga depresión, fruto de la soledad en la que vivía.

Narra que para no perder los ingresos del oficio de barrendero de su pareja, en la alcaldía de Santo Domingo Oeste, solicitó el puesto y desde ese momento sale temprano de casa con escoba y guantes en las manos a limpiar las calles de su comunidad.

“Me toca la mitad de la calle Central, es lejos, pero debo hacerlo. Trabajo cinco días a la semana. La política del ayuntamiento es que mientras más temprano tú trabajas, más temprano terminas, entonces como no me gusta mucho el murmullo de la gente me levanto a las 4:30”, explica.

Méndez dice que le ha enseñado a sus dos hijos y 10 nietos, el valor del trabajo digno, por lo que, aunque algunos trabajan, ella insiste en contribuir en los gastos del hogar.

“A la gente les gusta como yo barro, porque ven que lo hago, no pensando en cumplir e irme, sino como si esta calle fuera mi casa”, dice con una gran sonrisa en el rostro.

Manifiesta que fue la soledad que le llevó, tras la muerte de su esposo, a caer en una gran depresión y que, aunque no era su objetivo al principio, escuchar el despertador cada mañana, anunciándole que es hora de comenzar la faena, le da ánimos para seguir sonriendo.

“Esto para mi es una terapia, yo barriendo disperso la mente. Cuando murió mi esposo, hace tres años, yo caí en una gran depresión, pero barrer me tranquiliza y no me deja pensar en lo malo”, señala.

Cuenta que se quedó sola desde que empeoró el estado de salud de su esposo, que tenía enfermos sus riñones. “Tenía que buscar dinero diario para dializarlo, estaba desamparada, su familia me dejó sola, cuando él murió tuve que hacerlo todo por mi cuenta, enterrarlo y ocuparme de todo en la casa”, explica.

Delfina Méndez tuvo suerte de no perder su empleo en la reducción de personal que hizo la alcaldía de Santo Domingo Oeste recientemente. Ser afortunada es la única explicación que puede dar al hecho de que todavía se mantiene en el puesto, que comparte con gran entusiasmo, al igual que otras mujeres de ese sector, con un hombre que junto a ella va recogiendo la basura  en las aceras y calles.

“Tuve la suerte que me dejaron, porque votaron a mucha gente, creo que fue por mi desempeño, pero más bien creo que fue suerte”, precisa.

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