“A mis hermanas yo las siento aquí… ellas no se han ido”
El desaire a Trujillo
Como bestia herida y rencorosa, el sátrapa siempre persiguió a Minerva. El hecho que sentenció al martirio a la familia Mirabal Reyes fue el haber dejado una fiesta que el dictador ofreció en la casa Borinquen, en San Cristóbal.
“Teníamos que ir obligatoriamente, porque invitaron a la sociedad y nosotros éramos una familia acomodada. Fueron mi papá, Minerva, Patria y su esposo; y mi esposo y yo”.
Toca la orquesta del maestro Luis Alberti; hay mucha gente. Manuel de Moya Alonso, un apuesto joven vegano, se acerca a Minerva -a quien ya conocía- y la invita a bailar; ella no quiere pero el insiste hasta que ella accede. Cuando comienzan a bailar, casi de inmediato él se la pasa a Trujillo y por más de una hora la retuvo con él. Entre set y set, su familia la ve y se preocupa porque sabe que Minerva odia a ese hombre ¡y tener que bailar con él!
En un momento determinado Minerva pide volver a su mesa. Trujillo se la pasa a su hermano Negro y éste la devuelve a su familia. Minutos después empieza a llover fuertemente. La familia, consciente de las posibles consecuencias, se marcha. Y, efectivamente, al otro día, domingo, los demonios trujillistas fueron a buscar preso a don Enrique “para una investigación”.
A partir de ahí comenzaron los apresamientos al padre (que sufrió un derrame cerebral en 1951) y a Minerva. También el sufrimiento indecible de doña Mercedes y de toda la familia.
Pero también a partir de ese momento don Enrique dio su aprobación para que Minerva fuera a la universidad a estudiar derecho.
“Hija te voy a dejar ir a la universidad” . Y Minerva se graduó, sí, pero nunca pudo ejercer porque aunque le dieron el título, no le dieron el exequátur.




