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“A mis hermanas yo las siento aquí… ellas no se han ido”

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En otro lugar del jardín, un letrero dice al mundo que “ellas siguen vivas en su jardín”, que el amor ha podido más que el odio ciego de una bestia inmunda llamada Rafael Leónidas Trujillo. Otro sin alma, Víctor Alicinio Peña Rivera, ejecutó la orden dadas por el sátrapa.

La tarde -noche del domingo 25 de noviembre de 1960 los esbirros de Trujillo, alcanzaron a las hermanas cuando venían de Puerto Plata (donde habían acudido a visitar a sus maridos presos) y las asesinaron a golpes. También asesinaron al chofer de Las Muchachas, Rufino de la Cruz.

Dos días después el periódico El Caribe de la época, publicó una escueta nota en la que daba cuenta de que las hermanas habían muerto “en un accidente de tránsito”.
“Las mataron llenas de vida, de ilusión: Patria, de 35 años; Minerva, 33 y María Teresa con sólo 25 años…¿cuál fue su pecado? ¿Amar la libertad? Ese no es un pecado… y matarlas así, con una muerte tan horrenda”.

Con voz entrecortada doña Dedé recuerda cuando llegó a su casa después de dejar a sus hermanas en el cementerio. “Cuando yo llegué aquí vi a mi madre…(se le quiebra la voz) y cuando le dije que sus hijas estaban enterradas me respondió que había perdonado a los verdugos de sus hijas para que ellas fueran perdonadas… A veces mi madre me decía que no sabía como no se moría del dolor tan grande que tenía, pero de inmediato me decía “pero como yo te dejo esos niños… y fueron esos niños quienes la hicieron vivir a ella”.

Las dos, Mamá Chea (doña Mercedes) y Dedé criaron nueve hijos. “Mamá y yo los criamos sin inculcarles odios ni venganzas”. Doña Mercedes Reyes, murió 20 años después del asesinato de sus hijas.



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