Bebes a la carta
Todos los seres humanos hemos idealizados alguna vez los hijos que quisiéramos tener. Cuando no soñamos con tener hembritas, lo hacemos con tener varoncitos parecidos a sus padres.
Casi todas las mujeres embarazadas se han extasiados en pensamientos como “me gustaría que mi bebe tenga mi pelo, y los ojos de su padre. Que sea tan alto como él y tan inteligente como yo”.
Incluso hay consejos para que no pase lo contrario, que nuestros hijos terminen pareciéndose a alguien que no quisiéramos: “no le cojas mala voluntad a nadie durante tu embarazo o la criatura saldrá igualita que el objeto de tus odios”.
Y aunque el sueño de la humanidad perfecta –físicamente perfecta- ya ha estado en cabezas de retorcidos dictadores y genocidas, científicamente se había hecho muy poco para que la raza humana alcanzara la plenitud de la perfección.
Hasta hace poco, cuando una clínica de Estados Unidos les brindaba la oportunidad a los futuros padres de elegir no sólo el sexo del bebé, sino también algunos de sus rasgos físicos.
Basado en una técnica de selección genética, podías, si se te apetecía, tener la niña de ojos grandes y pelo rizado que siempre soñaste, o un niño con los ojos verdes como su abuelo. Escogiendo el gen adecuado tendríamos los seres humanos que deseábamos.
Por suerte, ya estos bebes a la carta no estarán entre nosotros, pues la clínica estadounidense que realizaba esta practica la ha abandonado por las polémicas que se ha suscitado.
Por el momento la selección genética sólo está permitida para detectar patologías o anomalías hereditarias y lograr que el bebé nazca sin ellas. Los que soñaban con bebés perfectos van a tener que seguir recurriendo a la milenaria técnica de contraer matrimonio con parejas que tengan aquello que a ellos les falta.
Ya lo han dicho varios científicos, no podemos jugar a ser Dios. Y ya lo contó Adolf Huxley en su Mundo Feliz, una historia basada en un mundo perfecto, donde no todos somos iguales, pero si felices. Y donde es un Alfa precisamente (en la novela los alfa pertenecen a la casta superior, casta por demás lograda a través de experimentos genéticos), quien se cuestiona sobre aquella absurda sociedad, porque, en definitiva tanta perfección aburre y nunca ha sido de humanos ser perfectos.






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